|  |
 |
|
 |
| |
En Seminario San Ramón y en Universidad
Posted on Sunday, 10 January a las 05:21:13 by maz
Cultura y próceres ticos forjados en las aulas de León
Jorge Eduardo Arellano END - 17:42 - 09/01/2010
Dentro de dos años —el 10 de enero de 2012— la Universidad de León será
bicentenaria.
En esa fecha, las Cortes Generales y Extraordinarias de
Cádiz decretaron erigir en el Colegio Seminario San Ramón la última
universidad colonial del continente. Desde entonces, la vocación
universitaria —precedida del orgullo catedralicio y la conciencia de
capitalidad— ha constituido un elemento definitorio de la levenswelt —o
mundo vivido— de la metrópoli nicaragüense.
El Colegio Seminario San RamónNo
debe olvidarse, sin embargo, que la tradición de los estudios
universitarios en León se remonta a 1680, fundado 43 años después que
el Harvard College, en Nueva Inglaterra. Tridentino en su concepción (o
sea derivada del Concilio de Trento), el Colegio Seminario de San Ramón
formaba al clero que se requería en las provincias de Nicaragua y Costa
Rica; pero fue mucho más que eso, proyectándose en El Salvador y
Honduras. “Con la noticia del estado en que se hallan las letras en
este Colegio —informaba el gobernador de Nicaragua en 1803— no faltan
jóvenes de dichas provincias que hayan venido a estudiar.”
Mas Costa Rica —la más pobre del reino de Guatemala— sería la mayor
beneficiaria de las aulas superiores de León. Nada menos que las
mejores inteligencias de su tiempo en dicha provincia —Florencio del
Castillo, José de los Santos Madriz y Félix Esteban de Hoces, entre
otros muchos sacerdotes— egresaron del Colegio Seminario San Ramón.
También este centro acogía a laicos e indígenas, becados en número de
12 por el fondo de la comunidad de Sutiaba.
El obispo Morel de Santa
Cruz lo trasladó en 1753 de la esquina de la cuadra occidental de la
plaza, en la que se hallaban con sus once piezas originales, a un nuevo
edificio que construyó, por orden suya, el maestro albañil analfabeta
Francisco Benítez Salafranca; dicho edificio —enladrillado y cubierto
de tejas— constaba de veinte piezas y disponía de un pozo.
El mismo Morel de Santa Cruz le dotó de una nueva cátedra —la de
Filosofía— a la que concurrían 32 alumnos, sumando tres con las
fundadoras de Gramática Latina y Teología Moral. Otro obispo, Juan
Carlos Vílchez y Cabrera, incrementó a dieciséis las becas e inició dos
cursos de Artes.
El obispo Esteban Lorenzo de Tristán erigió una
capilla y un cuarto para el Rector, “con otras obras de adorno y
comodidad”; el obispo Juan Félix de Villegas estableció las cátedras de
Filosofía Moderna, Cánones, Instituta y Canto Gregoriano, aparte de
nombrar rector en 1787 al presbítero Rafael Agustín Ayesta, nativo de
León.
Las cátedras universitarias y el elogio de un jesuitaCon este
nombramiento, el San Ramón alcanzaría su máximo desarrollo, pues Ayesta
lo consolidó económica y académicamente. Cuatro nuevas cátedras
surgieron en 1798 —Sagradas Escrituras, Liturgia, Historia Eclesiástica
y Medicina y Cirugía— sostenidas por la renta personal del obispo José
Antonio de la Huerta y Caso. Luego se fundó la de Leyes.
Ayesta, en
fin, agregó varias piezas al edificio. Los amuebló convenientemente y
acrecentó la biblioteca; igualmente, promovió la realización de actos
públicos, en los cuales se discutían temas impresos en tarjas —una
especie de diplomas— como el de Florencio del Castillo que repercutió
en la capital del reino.
En 1801, ya catedrático de Geometría, del Castillo dirigió el examen
público de sus alumnos Miguel Alegría y Francisco de Benavente. Y en
1803, al menos, se realizaron cinco, cuyas tarjas se habían impreso en
Guatemala. Uno de ellos fue dirigido por el catedrático de Filosofía
Tomás Ruiz, quien examinó a cuatro de sus discípulos sobre Lógica (de
acuerdo con el libro de texto del filósofo inglés Condillac) y puntos
de metafísica.
Todo ello revelaba un indiscutible afán de saber, y
nivel y ambiente de estudios superiores muy apreciable. Así lo consignó
en 1806 el jesuita Toribio Alcázar, citado por el intelectual leonés
Roberto Barrios Boquín. “Tuve la oportunidad —expresó Alcázar— de
visitar el Seminario Conciliar de León y darme cuenta de las virtudes y
sabiduría de su profesorado. En pocas instituciones de esta clase
existen catedráticos que, a su dilatada experiencia, aúnan
conocimientos tan profundos sobre las materias que enseñan y tienen una
vida tan ejemplar.”
La universidad menor en 1807
De manera que el 15 de mayo de 1807 fue elevado a categoría de
Universidad menor, es decir, con la facultad de otorgar los grados de
Bachiller en Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Derecho Canónico. La
nota de mayor relevancia ese día consistió en el sermón del presbítero
Ruiz, quien era también vicerrector; pieza que llegó a imprimirse ese
año en la imprenta guatemalteca de Ignacio Beteta. “Contad este día
entre los más festivos” —expresó Ruiz en ese sermón de gracias al
Altísimo, pronunciado en la misa solemne que se dijo en el Oratorio
público del Colegio.
Al día siguiente, las clases fueron inauguradas por el discurso del
doctor Francisco Quiñónez, responsable de la cátedra de Medicina, en el
cual disertó sobre la aplicación de la ciencia. “El hombre es un ser
que siente, piensa, reflexiona, inventa, trabaja; que va y viene a su
voluntad sobre la tierra, que comunica su pensamiento por la palabra y
que parece estar a la cabeza de todos los animales, a quienes domina”
—comenzaba con la cita de un Diccionaire d’histoire naturale. De aquí a
la transformación en Universidad del Colegio Seminario faltaban menos
de cinco años, pues el 10 de enero de 1812 —como informé al principio—
las Cortes de Cádiz autorizaron su erección “con las mismas facultades
de América”.* Florencio del CastilloConviene
ahora referirme a los principales egresados de las aulas superiores de
León. En primer lugar, a Florencio del Castillo (1778-1834), quien se
ordenó en León, ya visto como catedrático de geometría. En 1808 fue
también de Filosofía y vicerrector por dos años.
En 1810 pronunció una
oración fúnebre —luego impresa en Guatemala— por el presbítero Rafael
Agustín Ayesta. En 1811 Costa Rica le nombró su diputado ante las
Cortes de Cádiz, donde sobresaliera por sus discursos, liberales pero
moderados, postulando la defensa de los indios y el voto de los
esclavos, además de la obtención de beneficio para su provincia natal,
la cual presidió en octubre de 1813.
Además de Florencio del Castillo, egresaron al menos diez
costarricenses del Seminario San Ramón, por ejemplo el cartaginés José
María Peralta, orador notable, tanto en la cátedra como en el ejercicio
público, a quien se le recuerda por haber colaborado en la fundación
del Colegio San Luis Gonzaga en su ciudad natal. Su coterráneo, Félix
Esteban de Hoces y Calvo, llegó a ser Vicario General y Capitular del
obispado. José María Esquivel figuró al frente de un colegio de Cartago
en 1801, en los sucesos políticos posteriores a la independencia, y
entre los catedráticos de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Manuel
Alvarado reglamentó ese mismo instituto y fue miembro de la Junta
Superior Gubernativa y diputado en varias ocasiones.
José Arguedas
impartió clases de latín y humanidades en San José, lo mismo hicieron
en otras ciudades —Cartago, Heredia y Alajuela— Joaquín García, José
María Porras, Luciano Alfaro, Félix Romero, Joaquín Flores y otros.* El bachiller OsejoNatural
del barrio de Sutiaba, Rafael Francisco Osejo (1790-1848), discípulo de
Tomás Ruiz en el San Ramón, bachiller en Filosofía y cursante de
Derecho Civil, fue contratado en 1814 en Costa Rica para realizar una
significativa labor docente. Tuvo en esta provincia una vasta y
polémica figuración política por sus ideas liberales. Activo
republicano, a él se le debe la Ley de Instrucción Pública, los
primeros libros de texto (de Aritmética y Geografía), y otras muchas
acciones como abogado, historiador y político. El historiador
costarricense Luis Felipe González, afirma que inspiró “muchas de las
instituciones de aquella época”. Se le declaró Benemérito de la Patria.
Senador electo en 1834, pasó primero a El Salvador y luego a Honduras
en donde falleció.* Juan de los Santos MadrizEl ya citado Juan
de los Santos Madriz se ordenó en el Seminario de León en 1813.
Luego
se graduaría de Bachiller en Leyes y Doctor en Sagrados Cánones de la
Universidad, a cuyo cuerpo docente perteneció en 1819. De regreso a su
país, entró de lleno a la política. Fue presidente de la Junta Superior
Gubernativa y de la Asamblea, uno de los redactores del “Pacto Social
Fundamental Interino de Costa Rica”. También fue catedrático de la Casa
de Enseñanza de Santo Tomás y, de 1838 a 1843, su rector.* José Toribio ArgüelloOtro
nicaragüense que se trasladó a Costa Rica, llamado por Osejo, se llamó
José Toribio Argüello. Bachiller en Artes del Seminario y tesorero al
momento de su transformación en Universidad menor, obtuvo la cátedra de
Filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Fue diputado a las
Cortes de Cádiz. Se le procesó dos veces por cuestiones políticas, y
sus ideas, según Constantino Láscans, eran muy avanzadas para la época
.* Agustín Gutiérrez LizaurzábalLa
Universidad de León, a partir de 1812, acrecentó su irradiación
formativa en Costa Rica, al graduar a otros muchos que construirían el
ejemplar Estado vecino. He aquí algunos: Nicolás Espinoza, Simón
Guerrero, Rafael Barroeta, Valentín Gallegos, Pedro Zeledón, Manuel
Aguilar, Agustín Gutiérrez Lizaurzábal (1763-1843), Braulio Carrillo
(1800-1846) y José María Castro Madriz (1818-1892), los dos últimos,
importantes jefes de Estado. En cuanto al antepenúltimo, era un
guatemalteco que emigró a Nicaragua en 1803 y de allí pasó en 1824 a
Costa Rica. Ejerció en ambos países notable influencia. Costa Rica le
debe los fundamentos de su “democracia, por sus empeños como legislador
constitucionalista”, señala el historiador Carlos Meléndez Chaverri.
En
ella fue diputado y en 1834, por breve lapso, Jefe de Estado; además,
ejerció la presidencia de la Corte Suprema de Justicia.* José María Castro MadrizAsí
como Osejo había sido el mayor fruto del Seminario Conciliar en Costa
Rica, Castro Madriz lo fue de la Universidad de León. Josefino de
nacimiento, se graduó de ella de Bachiller en Filosofía el 23 de
diciembre de 1838, y se recibió de doctor en Derecho Civil el 1º de
diciembre de 1841, de maestro en Artes el 12 de mayo de 1842 y de
doctor en Filosofía el 22 del mismo mes y año. Luego, ejerciendo la
presidencia de la República, decretó la erección de la Universidad de
Santo Tomás, el 3 de mayo de 1845, fue el autor de sus estatutos, uno
de sus rectores y su más grande beneficiario.
Resulta oportuno señalar que El Mentor Nicaragüense, periódico impreso
en la Universidad de Granada y dirigido por Fruto Chamorro, de 1841 a
1842, sirvió de modelo al que fundaría Castro Madriz en Costa Rica: El
Mentor Costarricense. Por cierto, su lema era: “Si te encargas de los
negocios públicos, renuncia a los tuyos”, el cual se inspira en una
añeja frase de Pitágoras, lema que el periodista costarricense
Francisco María Núñez consideraba, en 1921, conveniente de grabar en
los edificios públicos para el bien de la patria.ConclusiónPor
lo visto, las aulas superiores del Seminario y de la Universidad de
León fueron los centros progenitores de la cultura de Costa Rica, o por
lo menos, de su estructura política y educacional.
Así se ha
reconocido. El historiador González escribió al respecto: “Durante la
organización política de los primeros años de gobierno, a partir de
1925, prestan su contingente como legisladores muchos de los sacerdotes
graduados en la Universidad de León.” La cultura que allí se impartía
—agrega— “influyó directamente en nuestra enseñanza. Aquella cultura,
que emanaba de España, vino a Costa Rica por medio de los graduados en
la Universidad dicha. La organización de la Casa de Santo Tomás, así
como la Ley de Instrucción Pública en 1832, constituyen un reflejo de
la cultura de la Universidad leonesa.”
Tomado de:
http://www.elnuevodiario.com.ni/especiales/65742
|
|
 |
|
 |
| |
 | |  | | | Votos del Artículo Puntuación Promedio: 0 votos: 0
| |  | |  |
|
|